De humanos y de luces

Para Pepe Montero, como respuesta a su comentario
Hubo un tiempo en el que el ser humano se obsesionó por la razón y se entregó a su búsqueda para hacer de todo lo que le rodeaba algo tangible, manipulable y objetual, sin darse cuenta del reduccionismo que aquella circunstancia implicaba, olvidando lo más importante, aquello que no podía explicar: el origen y el sentido de su vida.
El delirio de llegar a ser como dioses, el afán de controlar la naturaleza, el egoísmo y el ansia de dominar al otro, provocan gran parte de las catástrofes a las que estamos abocados, incluso aquellas que a día de hoy no podemos predecir con nuestros propios medios y artefactos.
Gran parte de la vida se consume en medio de un vacío y una monotonía que padecemos, cual náufragos entre un mar de gente casi desconocida mientras el mundo y el tiempo pasan reblandeciéndose como los relojes de Dalí.
La desesperación y la rebelión son el desequilibrio de una balanza que no encuentra su término medio y ese hecho es el eje central de un problema que llamamos: humanidad. Una humanidad que grita porque es su dolor el que habla: hoy en Latinoamérica y mañana en África o en Asia. El corazón en esos instantes habla en morse y se hace preciso descodificar su mensaje, un mensaje que dice que estamos llamados, mediante la acción humana a trabajar por un ideal.
¿Por qué en la literatura prevalecen los finales felices? La literatura es una guía para el camino, un lugar donde preguntarse y preguntar porque en ella prevalece la esperanza. En cualquier obra de arte emergen valores positivos, porque de ellos sale lo mejor de nosotros mismos, al transcender una parte del ser creativo y creador que se lleva dentro. Ser realista es creer en lo evidente, para llegar a ser sabio es preciso aprender a ver.
Una parte de nosotros sueña con ser libre, pero esa violencia que ejercemos violenta nuestro espíritu vital porque no reflexionamos acerca del misterio sobre el que se sostiene la existencia. Nos falta la luz de otros días que en otro tiempo fue crisol y ahora ocaso, por eso lo evoco sin equivocarme. Escribo no para reflejar las noticias del día a día, que cada mañana se engullen entre el café y el periódico impasible porque todas ellas volverán. Prefiero buscar la trascendencia y no lo efímero: la persona humana.