Alma

Para el artista Juan Queralt que tanto valora esta palabra.
En el curso de la vida nos encontramos muchas veces varados entre las rocas del sinsentido. A la hora de intentar ayudar al otro, en ocasiones, recibimos como resultado una serie de duros golpes y en nuestro pecho ahonda el más profundo lamento, sonorizado en un: ¡Basta ya!. Así, el alma se acoraza balbuciendo excusas vanas y creemos que el mundo no está creado a nuestra escala para habitar en él. El mal se ha hecho dueño del corazón y ahora el ser se siente excluido y es excluyente.
Es entonces cuando el duro mal desolador lucha en el ardor de la batalla contra el bien comunicativo. Tras la confusión, las ruinas, los despojos de la patria del ser son esencia de la alienación y del vacío. Aquel mundo que expulsó de sí mismo provocó que la comedia se convirtiese en tragedia. Él era el extraño en el paraíso, no los otros.
El superviviente no puede vivir de los restos del naufragio. Debe volver al mar y caminar sobre el agua sin hundirse. El hombre vale más porque es más. Aunque en nuestros días la desmitificación del mismo haya ido demasiado lejos debido a los cerrados materialismos, la antigua llama ha permanecido ligada a la vida del espíritu, como una zarza ardiendo que jamás se consume. Negar la existencia del alma es engañarse a uno mismo y olvidar la trascendencia propia a menos que deseemos quedar atrapados en el oscuro enigma de la leyes físicas. Si detrás de un rostro alegre se exige una vida, en su quietud el alma será su compañía. Anaximandro en La sustancia originaria dijo que el principio de las cosas era el infinito, porque allí donde hay creación, hay destrucción y viceversa según el ordenamiento del tiempo. Si los hombres mueren es porque no pueden anudar el principio con el fin.