El cielo de Toscana
Cuando cierta noche estaba ocupado con mi libro,una visión apareció ante mi nublada vista y un humor dorado llenó el espacio.Difusas palabras conocidas eran releídas interiormente, revividas, por un corazón capaz de adoptar cualquier forma hasta llegar a convertirse en un templo para ídolos,mientras mi cetro y corona iban dirigidos a la palabra herida, a la canción de cuna,a la sonrisa de una niña con la que acababa el día...un día más.
Guardo la canción que sólo yo sé entonar, guardo mi secreto y encuentro en la oscuridad. Yo soy aquel que al terminar la función, cuando la gente se marcha hacia otro lugar, se escapa de madrugada para que el ser viva una noche más en la ópera.
Aparté la arena de mis ojos.Aquella noche soñé con ella.La ví en el jardín, escuchando el lento tañir de las liras, inspirada por las musas, rozando el infinito...y cuando regresaba al tiempo presente, me convertía en el hombre que leía poemas de amor. El reloj de arena estimaba que mi felicidad se encontraba en el dulce minuto en el que me permitía el placer de recrear su mundo a través del lenguaje de los símbolos que describía mi transformación interior.Yo era el pupilo de una alquimista que en su laboratorio había experimentado el mayor y más cruel de los venenos, desplegando sus alas y cercando su palacio entre las sombras de los altos edificios. Podías matarla en tu pensamiento pero su recuerdo era todavía más mortal.
Permanezco, aquí, sentado, ni siquiera me he movido pero he visto las mil lunas. Ninguna circunstancia ni honor me place más.Toda la vida creí estar cerca del saber, creí habitar en su lecho pero no veía las estrellas que hay en mi cuerpo ni la cámara de las escrituras en el vuelo de un halcón. La semilla de los dioses y los hombres en el diluvio de la tradición son el viaje a un nuevo mundo subterráneo. Prometí ir en su busca, recogerla en los muros de mis pasos conteniendo mi risa nerviosa,inspirando lo redactado y al fín pedirle que me despierte en el cielo de Toscana lejos de las nubes pintadas por Delacroix.