La era de la razón
Heróica, la marcha de los pueblos, despertándose con la estrella de plata. La huída de tiranos, el nacimiento de la nueva sabiduría, el fin de la superstición. Occidente derrotado. Nada de actitudes violentas de salvación, métodos de derruídas fortalezas. Dinteles, novelas, cruzadas, viajes, continentes, verbo poético, ritmos ingenuos, paisajes posibles, color de vocales de traducción reservada. Cazamos desiertos de actualidad infame, dormimos en aceras de ciudades desconocidas, sin inquietudes. No conocemos a nadie. Vivir sonámbulo de leyes y costumbres. Ignoro el ideal. Estoy en el más profundo abismo infinitesimal. Delirios grotescos: vidas humanas, juguetes olvidados. Visionarios que pararon el reloj de la pesadilla. No más fe en la historia, olvido de los principios...nido de llamas, maestro de fantasmagorias. El orgullo de la perfección deshonrada a fuerza de fracasos breves. Aguas encrespadas iluminadas por la linterna de los misterios. Continente que ronda la locura, rehenes de miseria, gritos de límpidas lágrimas en titulares escogidos. Desde la edad de la razón, se arrastra la última timidez que derriba la patria. Colmenas urbanísticas de inamovible cielo gris. Sucesión psicológica de los grandes males, ensoñación de grupos sentimentales, matorrales de encaje.
Una desdichada mujer de drama, en algún lugar del mundo suspira por abandonos improbables, lujos ociosos, antiguas multitudes. Calmar la ausencia, coro de cristales, imprevistos que ofrecen a la experiencia. El optimismo estudioso del tiempo me pregunta:¿En qué se ha convertido el mundo?.Vana utopía.