Aarne Kaipola
Una vez vi una imagen:
una niña, tierra, raíces
era como una caperucita
en medio de una tierra
de nadie.
De niños nos dicen
que sintamos nuestras raíces
para acabar, al fin,
echando raíces
algún día, en algún lugar…
Quizás esa niña
plantaba guisantes verdes
confiando en
que se hicieran gigantes
para ascender hacia
los cuentos que le cuenta
su abuelo.
O puede ser, la niña del futuro
en una atmósfera marciana
donde no existe la patria
del aceite o la sal
tan sólo raíces colgantes
de Babilonia
que pretendían ser jardines.