Dafne desatada
Mis manos habían perdido su forma
mis largos dedos, los brazos…
se habían rendido a las ramas
mis pies hundían sus raíces
en el espanto y la huída.
El auriga
Apacigua sus caballos
en el carro del sol,
perseguía una forma humana
que enraizaba su dolor
al sueño.