El caballero sin nombre
A lo lejos, entre la niebla
mis ojos dibujaron una silueta
eras tú, el aedo
que canta en la noche de los tiempos.
Quiero decirte, amigo,
que mientras cae el sol
sobre mi vida
y los hombre que piensan
surgen impotentes y acorralados
por una ideología
lucho con este lenguaje
que no hiere:
vencida y ansiosa
mientras la vida
se desmembra en las calles.
El agua fue el principio
de la sequía...
Aedo, amigo,
veo la lluvia
tras el cristal del reloj de arena.
A lo lejos,
brillan astros para desperatarme
del marasmo de la ciudad
que me acorrala.